En el reino de la Nueva Vizcaya, hoy Durango,
se fundó este convento por Fr. Juan de San Nicolás ó San
Vicente el año de 1622, aprovechando el hecho de que Fr. Gonzalo
de Hermosillo, agustino de la Provincia de México, fue elevado
al Episcopado de Nueva Vizcaya, territorio segregado de la Diócesis
de Guadalajara. Como la fundación estaba condicionada a diversos
requisitos y éstos no se cumplieron, debido principalmente
a que Mons. Hermosillo falleció en el curso de su primera
Visita Pastoral, la fundación siempre se consideró dudosa.
Inclusive la Provincia de Michoacón no mostró gran
interés por ella. El pueblo se concentraba muy alejado y era
muy pobre, se decía. En Durango la gente podía ser
de dos clases sociales: los pobres y los pobrísimos. Una descripción
de 1777 nos dice: "El Convento de San Agustín está ocupado
por dos o tres religiosos, es un edificio bajo de alguna extensión
y sin comodidad; la Iglesia, una pieza chica de adobe y sin hermosura".
Con el tiempo todo habría de cambiar, pues en el año
de 1673 se coloca en el templo la bellísima imagen de Nuestro
Padre Jesús. Fue traída de España por unos durangueses;
entre ellos se contaban Don Francisco Gómez de la Vega, Don
Pedro Calleros y su esposa Doña Josefa Silva. Nació entonces
la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, cuyos miembros
usaban una túnica morada y un cinto al cuello. Éstos,
apropiándose de la imagen, la disputaron a los padres agustinos
y la llevaron a la iglesia de la Compañía, donde estuvo
una buena temporada. Los agustinos, a fin de recobrarla, empezaron
a edificar la actual Iglesia de San Agustín y así,
a pesar de los alegatos de los "morados", la milagrosa imagen pasó en
forma definitiva al templo de los agustinos. Actualmente puede ser
considerado el Patrón popular de la ciudad de Durango. |